20/05/2021

Minimals. La cajita infeliz

LOS MINIMALS. La cajita infeliz es la historia de una gran obsesión consumista creciendo en una pequeña mente. Es una reflexión sobre cómo los medios masivos de comunicación y la publicidad engañosa hacen mal uso de la psicología infantil para lavarles el cerebro a nuestros niños.

Cuando un sentimiento tan potente como la sed de acumulación de objetos es implantado en una mente tan frágil como la de un niño de 8 años, se abren las puertas de la imaginación dirigida, para que entren y se instalen los vampiros del capitalismo cultural llamados MINIMALS.

Esta novela gráfica busca poner en evidencia, a través de personajes y situaciones absurdas, las herramientas de  manipulación que se utilizan contra los niños. Como se intenta, por ejemplo, hacernos creer que el progreso está circunscrito a la proliferación de malls y locales de comida chatarra, pese a que organismos como la UNICEF han alertado sobre el aumento de la obesidad en los niños urbanos. En ese contexto resulta verosímil pensar que los niños de hoy coleccionen MINIMALS u otros juguetes, empujados por un espíritu insatisfecho que expresa carencias de cuidado y afecto los lleva, inclusive, a manipular a sus padres para obtener lo que quieren. La crítica alcanza a los padres que pretenden comprar la felicidad de sus hijos mediante un supercombo en Mc Donalds.

MINIMALS es una novela gráfica que transmite estos mensajes mediante personajes muy bien delineados, creados especialmente para esta edición, referencias y guiños a películas y libros imprescindibles, diálogos creíbles y contundentes; y una gráfica a todo color que siendo simple y potente nos obsequia algunas páginas con ilustraciones y escenarios en 3D sencillamente deslumbrantes, inéditos en las publicaciones peruanas de libros para niños

Todo comienza con el estreno de una película animada en 3D para niños llamada “Los Minimals”. Bastián, el protagonista, se interesa por la película y pide verla. Una vez en la sala de cine la película presenta una serie de animalitos muy coloridos y líneas agradables viviendo una gran aventura como ingresar a un edificio extraño para “salvar la felicidad de un niño”. Suena a una causa noble hasta que nos enteramos que planean entrar con brutalidad y utilizando un arsenal de armas de fuego, recordándonos escenas de Matrix.

Luego se dedican a dispararles a unos personajes extraños con antenitas que habitan en ese edificio. Al final nos percatamos que esas escenas no eran de la película sino de lo que pasaba en el cerebro de Bastián mientras veía la película. Los Minimals habían asesinado brutalmente a un sinnúmero de neuronas en su cerebro y se habían posicionado como su nueva obsesión. Al salir de la sala Bastián, como todos los otros niños asistentes a la función sólo puede pensar en una cosa “quiero un Minimal, quiero un Minimal, quiero un Minimal”.

En los capítulos siguientes se muestra que los Minimals están en todos lados y se pueden encontrar físicamente en los fast foods. Se muestra las penurias que pasan los padres para conseguir el objeto del deseo de Bastián, cayendo en la trampa de unas engañosas promociones de hamburguesas.

Llega la Navidad, la época más feliz del año, la fiesta de los niños, de la buena voluntad y el amor y la paz. Después de ver la publicidad de un centro comercial donde muestran a los Minimals como parte de su “oferta navideña”, Bastián pide a sus padres recibir uno de esos juguetitos como regalo de Navidad. Vemos nuevamente a sus padres angustiados por conseguir el dichoso juguetito en medio de un tumulto de gente. Ellos no entienden la fijación de su hijo con esos juguetitos, pero como todos aquellos padres jóvenes que pretenden ser “buenos padres” simplemente se suman a la interminable fila de gente. Luego llega la repartición de los juguetes navideños y Bastián, en un ataque de ansiedad, se abalanza sobre el repartidor para obtener su regalo antes que los demás. Al final consigue el cocodrilo, personaje clave de Los Minimals. Después, sólo en su habitación, descubre que estos juguetes pueden hablar con él, al estilo Toy Story. Luego se suceden capítulos donde el niño ve la forma de manipular a su familia para obtener más y más Minimals. Empieza una etapa de un Minimal por capítulo. El comportamiento de cada juguete en la habitación de Bastián no es el de unos lindos muñequitos que comparten conversaciones y aventuras con Bastián. Más bien es el comportamiento de unos agentes del consumo que convencen al niño que no puede ser feliz hasta no tener completa su colección de Minimals de determinada marca. Al final llega la obsolescencia programada de los juguetes que comienzan a destruirse. Para ese entonces la cobertura mediática cambia y el final de la historia se hace inminente. La madre de Bastián le dice que tiene que darle una buena noticia. Lo lleva a su cuarto y mientras le conversa se observa a Bastián distraído tratando de vigilar a sus Minimals por miedo a que aparezca otro muerto. “Bastián, vas a tener un hermanito, va a ser difícil porque tu papá ya no está, pero juntos vamos a lograrlo”. El bebé nace el mismo día del cumpleaños de Bastián lo que aprovecha el cocodrilo para decirle “ya ni tu cumple es tuyo”. Pero junto al nuevo miembro de la familia la mamá le dice que tiene un nuevo regalo: un rechoncho, apañalado, idiota e inoportuno nuevo Minimal para completar la colección: el osito. El estante luce lleno, hay un bebé en casa, el papá se ha ido, el osito es cuidado obsesivamente por la gallina, la jirafa se ha resignado a estar con el cocodrilo, en general los Minimals se ven viejos, rotos, maltratados, el gorila dejo de moverse y hablar hace varios días, el sapo tiene una horrible tos y seguro dejará de funcionar en cualquier momento… Su hermanito llora a la distancia, Bastián mira la TV que anuncia el estreno de una nueva película “La batalla bakanal”, sobre unas canicas que pelean soltando fuego, chispas y puntas de metal por el honor de ser el más grande héroe de la galaxia bakanal. Bastián sólo atina a decir una cosa: ¡”Mamá, quiero un bakanal”!

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